Novela y cuento

La novela y el cuento no son formas homogéneas sino, por el contrario, formas completamente extrañas una a otra. Por esta causa no se desarrollan simultáneamente ni con la misma intensidad en una misma literatura. La novela es una forma sincrética (poco importa que se haya desarrollado a partir de la colección de cuentos o que se haya complicado integrando descripciones de costumbres); el cuento es una forma fundamental, elemental (lo cual no quiere decir primitiva). La novela viene de la historia, del relato de viajes; el cuento viene de la anécdota. Se trata de una diferencia de principio determinada por la longitud de la obra. Diferentes escritores y diferentes literaturas cultivan o la novela o el cuento.El cuento se construye sobre la base de una contradicción, de una falta de coincidencia, de un error, de un contraste, etc. Pero esto no es suficiente; en el cuento como en la anécdota todo tiende hacia la conclusión. El cuento debe lanzarse con impetuosidad como un proyectil lanzado desde un avión para golpear con su punta y con todas las fuerzas el objetivo propuesto. Me refiero aquí al cuento de intriga, dejando de lado el cuento-descripción que caracteriza la literatura rusa, así como el relato directo. Short story es un término que implica siempre una historia y que debe responder a dos condiciones: dimensiones reducidas y acento puesto sobre la conclusión. Estas condiciones crean una forma enteramente diferente a la novela, tanto en su finalidad como en sus procedimientos
[…] El cuento recuerda el problema que consiste en plantear una ecuación con una sola incógnita; la novela es un problema complejo que se resuelve mediante un sistema de ecuaciones con muchas incógnitas cuyas construcciones intermediarias son más importantes que la respuesta final. El cuento es un enigma; la novela corresponde a la charada o al jeroglífico.

Boris Eichenbaum (1886-1959) fue un teórico literario, recordado sobre todo por su participación en la corriente de renovación crítica de la literatura llamada «formalismo ruso».

[Fuente: LibrosEnRed]

Carmen Martín Gaite

Esto dije hace 15 años de La Reina de las Nieves.

Leonado Villalba es un joven atormentado, insatisfecho y vacío. Su peligrosa afición por ambientes turbios le ha llevado a la cárcel por una temporada. Al salir, asiste desorientado a la trágica muerte de sus padres. Burgués intelectual y sensible, vive una existencia amenazada por su permanente crisis de identidad.

Sila, escritora retirada, habita un caserón mágico que en otro tiempo fuera residencia de los padres de Leonardo. Poco a poco, se nos va desvelando el misterio de esta alma indomable, atractiva, contrapunto vitalista de la sordidez de Leonardo.

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Educación de las matronas nobles romanas


(Terencia es la mujer de Cicerón, Julia es la hija de César y Aurelia la madre de César)

Terencia desistió y lo miró con aquellos ojos suyos que nunca se iluminaban de amor. Conocía bien las muchas debilidades de su marido, aunque ella no tuviera ninguna. A pesar de que Terencia no ambicionaba que se la considerase la nueva Cornelia, madre de los Gracos, sí poseía todas las virtudes propias de una matrona romana, cosa que hacía que a un hombre del carácter de Cicerón le resultase extremadamente difícil convivir con ella. Frugal, hacendosa, fría, testaruda, intransigente, sin pelos en la lengua, sin miedo a nadie y consciente de que estaba a la altura de cualquier hombre en cuanto a vigor mental. Ésa era Terencia, que no soportaba con alegría a ningún tonto, ni siquiera a su marido.

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En la educación de Julia se habían prodigado todos los cuidados, desde orientarla en temas como vestirse con gusto, hasta un despiadado entrenamiento en buenos modales. Por no hablar del modo nada sentimental y llano en que Aurelia le había enseñado a aceptar lo que la suerte le deparase, y a aceptarlo con gracia, con orgullo, sin desarrollar ningún sentido de la injuria o el resentimiento. De nada sirve desear un mundo diferente o mejor —era la moraleja perpetua de Aurelia—. Por el motivo que sea, este mundo es el único que tenemos, y debemos vivir en él tan feliz y tan agradablemente como podamos. No podemos luchar contra la Fortuna ni contra el Destino, Julia.

[Fuente: Las mujeres de César, de Colleen McCullough.]