Ibargüengoitia. la ley de Herodes

IBARGÜENGOITIA_HerodesIbargüengoitia es un escritor mexicano fallecido en 1983 que dejó media docena de novelas, un libro de relatos y algunas piezas teatrales.

El título del libro de narraciones cortas, también el de la mejor de ellas, es una declaración de intenciones: en la vida las cosas no suelen salir como nos gustaría, y más vale ponerles buena cara, como hace el autor. Lo que más me ha gustado es el tono divertido, no chistoso ni ingenioso, más bien encajador, de todo tipo de situaciones que salen mal: artísticas, románticas, económicas o amistosas. Amables frustraciones (en el mundo abunda la mentira, la mezquindad y el egoísmo), cercanas al humor negro, que nos animan a padecer sonriendo.

Las fronteras de los géneros se las pasan los autores en patera todos los días, y más los buenos, así que no hay que preocuparse mucho, pero esto tiene más pinta de libro de memorias que de relatos de ficción.

Es un autor con bastante gracia y un estilo estupendo. Hacía tiempo que no leía cosas sudamericanas, y vuelvo a constatar que hay vida más allá (o al mismo tiempo) del boom. Me quedo con ganas de más.

Rey Tiniebla, de Antonio Enrique

ENRIQUE_Rey_TinieblaRey Tiniebla cuenta los últimos días de Felipe II en labios de Ginés, el mozo de retrete que le asiste en el Escorial.

La novela se centra en la relación que se establece entre los dos y en el examen de su vida que pudo hacer el Austria en esos momentos. Tiene como telón de fondo inspirador el tríptico del Bosco titulado El jardín de las delicias. Ginés trata al gran hombre en los momentos más miserables de una existencia ya miserable y desvalida de por sí. Felipe II ve continuamente un perro negro en sus pesadillas que se hace más real que los nobles, enanos  bufones y sacerdotes que le rodean en la vigilia. Se suceden recuerdos de batallas, de asuntos políticos o de mujeres. Felipe II piensa mucho en Dios.

Enrique tiene la valentía (y el riesgo) de meterse en un terreno muy trillado. Felipe II está muy escrito, y bien, …y muy leído, y a estas alturas no es fácil aportar cosas nuevas.

El lenguaje es riquísimo y extremadamente cuidado, fiel a cómo se expresaría un narrador de principios del XVII. Me quedo con ganas de leerle algo al autor escrito en castellano del S.XXI.

Posteguillo. La segunda de Trajano

CircoMaximoSegundo capítulo de la recuperación de la figura de emperador bético, iniciada con Los asesinos del emperador. Se vuelve a repetir la fórmula de novela coral, esta vez en torno a tres ejes principales: las guerras dacias (principios del siglo II, punto de máxima extensión imperial hacia Oriente), el juicio del auriga y la vestal que mantienen relaciones inapropiadas y las carreras de cuadrigas. Lo primero sirve para mostrar al Trajano gran gobernante, lo segundo para zambullir al lector en la compleja red social del imperio, donde la religión tenía un papel muy diferente al que entendemos ahora, y lo tercero para dar el toque de emoción y espectacularidad que atrae lectores.

El autor vuelve a mostrarse buen conocedor de la época y efizaz narrador. Destaca su sentido de ritmo y visión para las dinámicas escenas de acción (batallas plásticas y llenas de detalles, carreras trepidantes en el circo), algo deudoras del cine. Mejora un poco la debilidad emocional del primer libro pero vuelve a incurrir en su principal defecto, la prolijidad. Es de agradecer la cuidada edición de mapas y anexos.

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