Cheever, el notario de la mediocridad

CHEEVER_Cuentos_RBACheever es el Balzac de la clase media norteamericana de los cincuenta. Un relato-tipo suyo es algo así: familia acomodada que vive en zona residencial de clase media, precisa y breve presentación de personajes, el o los protagonistas descubriendo por qué no son felices, crisis o conflicto (que no necesariamente se resuelven en algo al final) y resolución (con frecuencia abierta). Todo en un estupendo estilo realista, limpio, clásico y tranquilo.

La insatisfacción del mundo que él ve se relaciona casi siempre con el egoísmo. El matrimonio ya ni intenta comunicarse y se buscan aventuras fuera, hay una exagerada preocupación por el dinero y mandan los convencionalismos sociales, asfixiantes y adictivos al mismo tiempo. La felicidad se considera una quimera y es frecuente que sus personajes, a pesar de las apariencias, en un momento u otro estén muy cerca de dejarlo todo. Sus relatos están poblados de gente vacía, sola y llena de miedos. Supervivientes de un naufragio que no ven playa por ninguna parte.

Maestro de la presentación de situaciones y personajes y de la descripción, brilla menos en los diálogos. Muchos de sus personajes resultan difíciles de olvidar (incluso algunos secundarios). No juzga ni saca conclusiones, no hay ironía, ni humor, ni pesimismo, ni estridencias argumentales de ningún tipo. Su visión no resulta alentadora pero tampoco destructiva. Mira, describe y alerta, esto último sin un propósito declarado.

Continuar leyendo «Cheever, el notario de la mediocridad»

La cena. Koch

Dos hermanos y sus mujeres se citan a cenar en un restaurante de lujo de Amsterdam. Paul, el narrador, fue profesor de historia en un colegio. Serge aspira al cargo de primer ministro en Holanda.

Primera impresión: una novela de humor.
Y de las buenas. Paul es un tipo suficiente, irónico y ácido, pero es inteligente, descarado y dice verdades como puños. Arrasa con todo: las chorradas del restaurante (el meñique del maître, los precios, los tamaños de los platos,…), las opiniones de su hermano, su propia familia, el esnobismo, las opiniones de moda, el racismo, los homosexuales, la violencia, aparentar, criticar, la adopción, la pena de muerte. Especialmente conseguidos los finales de los capítulos, llenos de divertidos contrastes. Paul deja volar su imaginación con bastante gracia una y otra vez. Exageraciones y una brutal sinceridad.

Segunda constatación: el drama se avecina.
Antes de la mitad la cosa se va poniendo seria. Ya se sabe que los hijos de Paul y Serge se han visto implicados en un caso serio de violencia. Y ahora conocemos el pasado de Paul, que no voy a desvelar. Se acabaron las bromitas.

La bomba final.
La cena es uno de los libros más terribles que he leído en el último año. Es ácida, provocadora y lo que ocurre socava los principios elementales de la convivencia. Lo que ocurre no se puede justificar por la enfermedad (Paul) ni por la fuerza de la sangre (Claire, su mujer).

Están advertidos.

Ni quito ni pongo rey

Este libro forma parte de mi pequeño olimpo particular de novela histórica. Recuerdo perfectamente cuándo, cómo y por qué lo lei, con quien lo comenté y cúanto lo disfruté. Es de 1984 y en 2005 lo reeditó Armas Tomar, una pequeña editorial ya desaparecida. Después de buscarlo por tierra, mar y aire termino recurriendo a Internet y me lo mandan desde Barcelona. Nuevo, 7 € (más gastos de envío) por una extraordinaria historia de 600 págs.

Pedro I el Cruel reina en Castilla y su hermano bastardo Enrique de Trastamara quiere arrebatarle la corona. Navarra y Aragón, en la península, están dispuestos a ayudar a uno u otro según les convenga en cada momento. Portugal y Mallorca también jugarán su pequeño papel. Pero el tablero fundamental de la partida está más al norte: Carlos de Valois se lame las heridas (Crezy, Poitiers) y se prepara para desquitarse de los ingleses, presentes ahora en Aquitania (Guyena). Mientras tanto, quiere quitarse del país a las Compañías de soldados profesionales que, aburridos, asolan las tierras de Francia. En una jugada a 10 bandas, Bertrand du Guesclin recibe el encargo de llevarlas a Castilla y ponerlas al servicio de Enrique. El Papado, en Avignon, como todo el mundo aquí, no dice ni que si ni que no a la empresa.

Continuar leyendo «Ni quito ni pongo rey»