Holland. Fuego persa

Este libro de Holland es el más serio que he leído sobre las guerras médicas (persas contra griegos, S.V adC). Ya me topé con ellas, si recuerdo todo, en las Historias (Herodoto), en Puertas de fuego (Pressfield, estupenda novela), en Salamina (Negrete) y en 300 (Miller, cómic, y la peli).

Holland es más equilibrado y no se deja arrastrar por la fascinación irresistible de Esparta y la inteligente maniobrabilidad de Atenas; da a cada uno lo suyo y no simplifica en malos (Dario y luego Jerjes) contra héroes (Temístocles y Leónidas, nuevos Ulises y Aquiles). Empieza explicando el alcance que hubiera tenido otro resultado en la contienda, dedica la mitad del libro a explicar quienes eran los persas, y sólo en la segunda mitad se detiene en el territorio mítico (Maratón, Termópilas, Salamina y Platea) al que dedica mucho menos espacio y emoción que las novelas, cómic o pelis citadas. Esto es un libro de historia.

Todo muy bien y claramente contado, con buenos y útiles mapas, abundantes notas (al final), cronologías, bibliografía e índices de nombres y materias. Un libro serio. Las ilustraciones escogidas, por poner algún pero, no aportan mucho.

Los persas consiguieron un imperio espectacular pero dieron con la horma de su zapato. Las puntuales y costosísimas alianzas que lograron los griegos, siempre con alfileres, bastaron para batirles. Ahí está el auténtico origen, explica Holland, de la falla entre el oriente islámico y el occidente cristiano.

Cartas de Fontán

Disfruto con los epistolarios y los diarios, casi más que con las memorias. De estas tres formas de hablar de y sobre uno mismo, las cartas me parecen lo más sincero. Han llegado a mis manos de carambola  las que Antonio Fontán escribió a Agustín López Kindler, relacionados ambos sobre todo, aunque no sólo, por el latín. Es un elegante folletito de apenas 80 págs que me ha resultado gratísimo de leer.

Fontán es una personalidad sobresaliente y un auténtico maestro, y queda patente en estas páginas. Son un reflejo elocuente de la amicitia, compartir intereses, preocupación sincera por el otro, confidencias e intimidad. El castellano estupendo, el estilo pulido y un modo de decir que combina la familiaridad con la belleza. Pudor para hablar de sí mismo y elegancia para referirse a sus oponentes políticos. Las fechas recorren los últimos 20 años de Fontán, un ejemplo inspirador de morir con las botas puestas.

Me anoto echar un vistazo a la web de la Fundación que gestiona sus escritos y pongo en la mira sus traducciones para Gredos de Tito Livio, un autor que me gustaría leer más por extenso.

Jungersen. La excepción

Malene, Iben, Camilla, Anne-Lise y Paul integran el Centro Danés de Información sobre el Genocidio. Son entusiastas profesionales, motivadas con su trabajo y unidas en un proyecto que les apasiona. Dos de ellas reciben e-mails con amenazas de muerte y piensan en los asesinos a los que investigan y denuncian en sus escritos. La tensión creada pone de manifiesto que no todo es tan apacible como aparenta en su ambiente de trabajo. Poco a poco, se va desvelando un claustrofóbico escenario de rencillas, acosos, envidias, susceptibilidades, alianzas, roturas, provocaciones y favoritismos, que las educadas formas apenas pueden contener.

Jungersen va situándose en cada capítulo en el punto de vista de cada una de las mujeres. Con frecuencia cuenta las mismas cosas pero con una nueva perspectiva. La narración avanza lentamente pero sin pausa y no se renuncia a introducir elementos de intriga y tensión que animen la lectura. La excepción es sobre todo una novela psicológica, una indagación en los motivos para hacer el mal.

Continuar leyendo «Jungersen. La excepción»