Cheever, el notario de la mediocridad

CHEEVER_Cuentos_RBACheever es el Balzac de la clase media norteamericana de los cincuenta. Un relato-tipo suyo es algo así: familia acomodada que vive en zona residencial de clase media, precisa y breve presentación de personajes, el o los protagonistas descubriendo por qué no son felices, crisis o conflicto (que no necesariamente se resuelven en algo al final) y resolución (con frecuencia abierta). Todo en un estupendo estilo realista, limpio, clásico y tranquilo.

La insatisfacción del mundo que él ve se relaciona casi siempre con el egoísmo. El matrimonio ya ni intenta comunicarse y se buscan aventuras fuera, hay una exagerada preocupación por el dinero y mandan los convencionalismos sociales, asfixiantes y adictivos al mismo tiempo. La felicidad se considera una quimera y es frecuente que sus personajes, a pesar de las apariencias, en un momento u otro estén muy cerca de dejarlo todo. Sus relatos están poblados de gente vacía, sola y llena de miedos. Supervivientes de un naufragio que no ven playa por ninguna parte.

Maestro de la presentación de situaciones y personajes y de la descripción, brilla menos en los diálogos. Muchos de sus personajes resultan difíciles de olvidar (incluso algunos secundarios). No juzga ni saca conclusiones, no hay ironía, ni humor, ni pesimismo, ni estridencias argumentales de ningún tipo. Su visión no resulta alentadora pero tampoco destructiva. Mira, describe y alerta, esto último sin un propósito declarado.

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Los náufragos del Batavia. Leys

LEYS_BataviaAcabo de toparme, por recomendación de un amigo, con Simon Leys, un belga octogenario que vive en Australia y escribe sobre China, el mar y otros asuntos.

En 1629 un barco mercante holandés naufragó cerca de Australia. Mientras los jefes iban en busca de ayuda, se hizo cargo de la situación el tercero de a bordo, que resulto ser un psicópata sanguinario, manipulador y retorcido que masacró a buena parte de los supervivientes antes de  ser él mismo juzgado y ejecutado.

Leys se obsesionó con esta historia pero en 2002 se publicó un libro al respecto que consideró definitivo y sólo se animó con esta pequeña pero apasionante crónica que no llega a 100 págs en esta edición de El Acantilado.

El hecho es tremendo y desagradable, en la línea de El señor de las moscas. Odios, concupiscencia, peligros y embrutecimiento. Leys es breve, claro y preciso, y nos informa de todo lo esencial que pasó en esos tres meses de reinado del crimen.

Naturalmente, voy a buscar La felicidad de los pececillos, artículos de Leys con asunto literario.

La absolución. Landero

LanderoMuy flojita.

Lino está consumido por el tedium vitae y le conocemos tres días antes de casarse con Clara. Nos contará su vida y un suceso que cambia su perspectiva de (¡por fin!) felicidad. Landero se enrolla y se enrolla, y no sé sabe muy bien a donde va a parar esto. Escribe bien, pero eso no basta. Es una historia sin rumbo, con nuevos personajes continuamente, que nos lleva de aquí para allá, de bostezo en bostezo. Pero no me ha decepcionado porque tampoco me habían gustado los anteriores o, mejor dicho, todos los posteriores al primero. Fin del crédito que se ganó con aquellos Juegos, por desgracia ya muy tardíos.