De Giovanni: la primera de Ricciardi

Siguiendo la recomendación de Pilu en esta entrada, he buscado el primer libro del comisario Ricciardi, y me ha gustado. Lo mejor es el personaje, aunque el caso también está bien. Años 30, Nápoles, fascismo italiano. Ricciardi ve a los muertos y tiene acceso a sus últimas palabras antes de morir. Está es la ambientación y la premisa. A partir de ahí De Giovanni construye un personaje algo misterioso y de fuerte personalidad (gomina y tupé hacia atrás, ojos verdes casi transparentes, complejo, atormentado, taciturno, solitario, que casi nunca sonríe) y alta competencia. A su lado el colaborador genial y por encima el jefe inútil. Es rico, no tiene amigos y ama sin esperanza a una mujer. Es impenetrable, febril, extravagante y nunca lleva armas. Una ciudad con zonas muy pobres donde impera la ley del silencio, unos políticos que quieren que nada malo ocurra en su régimen (independientemente de lo que pase en la realidad) y un policía vocacional con las ideas muy claras: el hambre y el amor están detrás de todas las infamias. Policía científica versus sensaciones.

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Mowgli el rey

Me pasa con frecuencia en las relecturas. El milagro no siempre se repite, o al menos no con la misma intensidad que en mi recuerdo. He releído en un impulso, ni idea de por qué (me gusta seguir esas llamadas), las historias de Mowgli contenidas en El libro de la selva, y me han gustado mucho menos que en otra época. Me ha parecido esta vez un libro totalmente para adultos (pese a que los animales hablen y el protagonista sea un niño), algo muy alejado de la versión Disney de la historia. El clima es de sangre, de violencia, de supervivencia, de odios, de profundas crisis interiores. Junto a eso,  valores positivos como la amistad, la lealtad y el valor de la palabra dada. Mowgli es un ser duro, loco por la caza, desgarrado al saberse el rey allí y, al mismo tiempo, alguien fuera de sitio. Es ingenioso y fuerte, todos los animales terminan bajando la mirada ante él. Al mismo tiempo sufre.

De las ocho historias (que terminan cuando vuelve con los hombres a los 17 años) mi favorita es la de los perros rojos, de ritmo y tensión estupendos.

En fin, pónganles a sus hijos los DVD de Disney e intenten que lean el libro mejor más creciditos. Lo entenderán más.

Cuentos políticamente correctos

De los Cuentos infantiles políticamente correctos, de Finn Garner, lo interesante es la idea, un replanteamiento de clásicos con cierta sensibilidad moderna ilustrada. Cómo se contarían con la mirada de hoy sobre la mujer, el medio ambiente, los animales, el sexismo, la discriminación, las minorías, la injusticia, el racismo o el tabaco. El resultado es original y con una estupenda coña irónica que se ríe precisamente de lo que quiere supuestamente salvaguardar.

Así, el clásico leñador pasa a ser “un técnico en combustibles vegetales”, el rey desnudo en realidad sigue “un estilo de vida alternativo” o Caperucita, la abuela y el lobo terminan conviviendo en un “espacio de cooperación y respeto mutuos”. De un molinero se dice “afectado por una situación económica sumamente desventajosa” para evitar «pobre» o de una joven mujer que es «cutáneamente empobrecida en melanina» para no decir «una rubia».

El problema es que resulta más interesante la premisa que la ejecución. Consigues sonreír con el primero pero lo demás ya es todo un poco igual. Y hay un segundo volumen y un tercero (de navideños).

Mejor Grimm y Andersen, no lo duden, aunque celebro la ocurrencia de Finn Garner.