Buenos diaristas españoles

LLOPLeña al fuego es el diario de 2003 de García Martín. Como anuncia el autor: sátira de la feria de las vanidades literaria, índice de lecturas, ciudades, obsesiones e insomnios. Inteligencia impertinente, buenas citas, sueños un poco pesados (yo me los salto directamente), recomendaciones de lecturas (Cartas venecianas de Byron, Colette,..) y consejos inatacables (“Ni un día sin un libro apasionante”). La parte de su vida que nos deja ver no deja de ser globalmente favorecedora. Sólo me queda uno de estos libros tan adictivos que solicitar al préstamo interbibliotecario. ¿Luego?….

Otro diario que me ha encantado, el cuarto de Llop, El Japón en Los Ángeles. Otro estilo. Más intelectual, menos anecdótico. Corresponde a los años 1996 y 1997. Su padre en su 40 cumpleaños: «no dejes que las cosas te pongan de mal humor. No es que se viva peor, es que se vive menos». O esto otro: «Devolver mal por mal no restaña sino que aumenta el propio dolor, nos afea y añade otra dosis de mal al mundo». Me anoto (vago, pero propósito) Las Memorias de Spender, Las de Gore Vidal y leer algo más de sus maestros (Chatwin, Modiano). El relato de sueños, y muchas cosas de arte o de Mallorca también me las salto un poco.

El Umbral más interesante

UMBRALYa nos había mostrado su vasto conocimiento de la literatura española en su Diccionario de literatura y en Las palabras de la tribu, y ahora amplía la mirada. En ¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary? Se recogen casi unas cuarenta semblanzas de protagonistas de la cultura europea, mayoritariamente escritores. En francés (Stendhal, Flaubert, Gide, Proust, Simenon; Baudelaire, Verlaine, Breton, Apollinaire, Cocteau; Voltaire, Sartre, Lefèbvre), en castellano (Cervantes, Clarín, Sawa, JRJ, Miró, D’Ors, Pla, Cunqueiro, Cela, Hierro), en inglés (Wilde, Kipling, Joyce, Woolf, Pound, Greene) o en otras lenguas (Kierkegaard, D’Amicis, Rilke, Saramago). Y algunos pintores (Van Gogh, Magritte, Dalí).

Tantas cosas. Buen olfato, gracia para decir y mirada de lector agudísimo. Y la continua sorpresa del estilo. Por ejemplo, la adjetivación a base de sustantivos (el optimismo «epocal», un mundo glorioso y «funeral», etc).

El tipo de cosas que dice, por ejemplo, del Ulises:

No hay que escribir grandes libros porque es como levantar catedrales góticas, que terminan en las postales. El gran libro produce rechazo por exceso de significación. Todo gran libro se convierte en pedagógico, pasa a ser rehén de los educadores y los ministros, quienes piensan que de ese tomazo hay que sacar algún provecho moral o cívico (no creen en la mera literatura ni les gusta).

Lecturas y picoteos, 7 de 7

Soy Pilgrim_152X230De narrativa en otras lenguas me ha gustado últimamente Soy Pilgrim (Hayes): superagente contra superterrorista, con una trama impecable sostenida sin fisuras a lo largo de centenares de páginas.

Secuestrado (Stevenson) empieza muy bien pero se hace muy largo pronto, y con bastantes disquisiciones de historia política escocesa que no he tenido paciencia para desentrañar.

Tres audiolibros: HP IV (Rowling), nada que añadir; El rey de hierro (Druon), bien, pero por ahora no seguiré con el resto de la serie; y Sentido y sensibilidad (Austen), que ni es relectura ni es de mis favoritas de la británica.

Dos novedades que no están mal: Estimado Sr. M. (Koch), aunque (como la segunda) es peor que La cena; y Muerte de un hombre feliz (Fontana), la lucha de la justicia en Italia contra el terrorismo político.